AGUA


México enfrenta innumerables retos en torno al agua, lo que hace sumamente complejo establecer lineamientos y políticas públicas para su gestión. Aun así, los tratados internacionales y las distintas visiones que han surgido con respecto al reto ineludible asociado al gobierno y la gestión equitativa y sostenible del agua, indican la prioridad de plantear lineamientos para el diseño de nuevas políticas públicas encaminadas a resolver los frenos actuales y aprovechar las oportunidades abiertas para garantizar el abasto de agua sostenible a quienes aún padecen un déficit, no sólo en cantidad suficiente sino en la calidad necesaria para el consumo humano, así como para el sostenimiento de las actividades productivas que son fundamentales para el desarrollo socioeconómico de las sociedades.

Con más de 122 millones de habitantes, México es el undécimo país más poblado del mundo y el segundo de Iberoamérica. Por su extensión (1,964 millones de km2) el país ocupa el lugar 14 en el mundo y tercero en Iberoamérica. El 79% de la población es urbana (poblaciones mayores de 2,500 habitantes) y el resto se asienta en 184,748 localidades con menos de 2,500 habitantes.

Las proyecciones consideran que la tasa de crecimiento para los próximos 15 años rondará el 2.1%, lo que significa un aumento de más de 23 millones para 2030, por lo que la población nacional ascenderá a más de 135 millones de habitantes para ese año.

Además del crecimiento demográfico, la concentración de la población en áreas urbanas ejerce una gran presión al medio ambiente y focaliza la demanda de acceso al agua y saneamiento. Para 2030, el 80.4% de la población nacional total estará asentada en localidades urbanas. Además se espera que 53.6% se asiente en tan solo 38 núcleos de población con más de 500 mil habitantes (35 zonas metropolitanas y 3 localidades no conurbadas).

Con una disponibilidad natural de agua renovable que asciende a más de 447 hm3 , (1hm3=mil millones de litros) la Comisión Nacional del Agua (CONAGUA) estima que el incremento poblacional significará un decremento del agua renovable per cápita: de 3,736 m³/hab./año en 2014 a 3,253 m³/hab./año para el 2030. La disponibilidad de agua en México debe analizarse desde las características de su distribución temporal y espacial. Existen grandes variaciones a lo largo del año, pues la mayor parte de la lluvia ocurre en el verano, mientras que el resto del año es relativamente seco; además, en algunas regiones del país se presentan precipitaciones abundantes donde existe una baja densidad de población y escasa participación dentro del Producto Interno Bruto (PIB), mientras que en las regiones con menores precipitaciones se concentran las principales actividades productivas y los más grandes centros de población.

Todo ello contribuye al surgimiento de problemas de disponibilidad e inequidad en la distribución del agua, con la presencia de conflictos en prácticamente todo el territorio.

Del agua que se extrae, el porcentaje más grande (76.8%) se usa para la agricultura, 13.9% en el abastecimiento público, 3.8% en la industria y 5.4% en termoeléctricas. De estas extracciones, 63% proviene de fuentes superficiales y 37% de subterráneas. Sin embargo, estas cifras promedio no reflejan la fuerte desigualdad que existe en la distribución del agua debido al deterioro que han sufrido en calidad y en cantidad tanto los cuerpos superficiales como los subterráneos.

En México, más de 70% de las cuencas hidrológicas presenta algún grado de contaminación, lo que ocasiona graves problemas de disponibilidad y acceso. En los ríos mexicanos se detecta la presencia de algunos metales pesados altamente tóxicos.

De los 653 acuíferos del país, más de 100, de los cuales se extrae 53.6% del agua subterránea, se encuentran sobreexplotados. Aunado a esto, 16 presentan intrusión marina y 32 muestran algún fenómeno de salinización. Asimismo, la sobreexplotación ha significado la liberación de químicos naturales altamente tóxicos como arsénico en La Laguna, el plomo en Michoacán o el exceso de flúor en Aguascalientes, entre otros.

El abastecimiento de agua potable para consumo humano descansa de manera creciente en la extracción de aguas subterráneas, que representan ya 70% del abastecimiento urbano y 62% del industrial. El número de acuíferos sobreexplotados se ha triplicado en los últimos 30 años, y se estima que la extracción total rebasa en 20% su rendimiento promedio. Esta circunstancia amenaza claramente la sustentabilidad de un país cuya economía está fundamentada, de manera creciente, en las actividades urbano-industriales.

La CONAGUA informó que en 2013 la cobertura de agua potable fue de 92.3%, desagregada en 95.4% de cobertura en zonas urbanas y 81.6% en zonas rurales. Para alcanzar la cobertura universal de agua potable es necesario asegurar el servicio a 36.8 millones de habitantes más para 2030 y realizar inversiones de 215 mil millones de pesos. Dicho organismo informa que para 2010 se contaba con una cobertura de alcantarillado de 89.6% desglosada en 96.3% en zonas urbanas y 67.7% en asentamientos rurales. Se estima que para el año 2030 la brecha estimada entre oferta y demanda será de 23 mil millones de metros cúbicos.

En México, a pesar de la amplia cobertura de agua potable y alcantarillado, más de 5.3 millones de habitantes en zonas urbanas no cuentan con servicio de agua potable y más de 4.7 millones no disponen de servicio de saneamiento, concentrándose esta carencia en la población con menores ingresos.

Los hogares mexicanos que cuentan con una conexión a la red presentan un servicio discontinuo y generalmente diferenciado de acuerdo con sus ingresos. Del total de personas conectadas a la red 52% recibe agua todos los días y únicamente 14% cuenta con ella las 24 horas, los siete días de la semana. Para México, la proporción de hogares pobres que recibe el servicio con interrupciones se calcula en aproximadamente 52%, mientras que la de hogares sin pobreza es menor a 35 por ciento.

Se calcula que se reciben en promedio 11.5 m3 de agua al mes en cada vivienda, es decir, 97 litros diarios por habitante. Esta cifra se encuentra por debajo de los 100 litros sugeridos por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como óptima para satisfacer las necesidades básicas de uso y consumo humano.

Cuando los hogares no están conectados a los servicios públicos de agua potable o éstos presentan deficiencias en la dotación regular del líquido, las personas disponen de opciones muy limitadas para su aprovisionamiento. Mientras que algunos toman el agua de fuentes no tratadas como ríos arroyos o pozos, en las ciudades la mayoría adquiere el agua a través de intermediarios, destacando los operadores de camiones cisterna y las empresas de agua embotellada. A medida que el agua pasa a través de los intermediarios, ésta aumenta su precio como expresión de la incorporación de los costos de comercialización y transporte, sin que ello implique necesariamente un aumento de su calidad.

Aunque el 89% considera que la calidad del agua entubada es buena o excelente, 78% consume agua embotellada. La razón principal para preferirla es que consideran que no es riesgosa para la salud (48%) y porque tiene un mejor sabor. El monto promedio mensual invertido en este producto es de 149 pesos, 40% más de lo que se paga por el agua entubada, por un volumen de agua alrededor de 200 veces menor. Esta situación se agrava en localidades con altos grados de marginación, donde un hogar invierte hasta 20% de sus ingresos por este concepto.

La situación rural es también muy heterogénea y con mayores grados de inequidad. Son pocas las comunidades rurales que cuentan con sistemas de distribución domiciliaria a cargo del municipio, la gran mayoría de las comunidades gestiona su propio servicio, mediante la conformación de comités con participación honorífica por parte de la población.

Enfrentar el reto del agua en México implica necesariamente lograr también la preservación y gestión sostenible de las fuentes de agua y, al mismo tiempo, atender a las necesidades de la alimentación y la industria, así como las del medio ambiente y los ecosistemas vitales. Lo anterior, en un contexto de incertidumbre debida a variaciones en el clima, procesos económicos globales y conflictos sociopolíticos.

En torno al reto del agua se relacionan tres grandes ámbitos:

(a) El acceso universal al abasto y saneamiento urbano y rural,

(b) Una buena administración del recurso y el territorio, y

(c) La adecuada gestión de los extremos (inundaciones y sequías).

La Agenda iberoamericana te invita a conocer más sobre el tema e incidir para que las propuestas de solución tengan eco en todos los sectores de la sociedad. Porque somos una gran región con sueños compartidos para un mejor futuro.

Agenda Iberoamericana,

nuestra región, nuestro futuro

 

 

Habla el Dr. Fernando González Villarreal

"Resolver el problema del agua en México requiere una nueva cultura que respete al medio ambiente y fomente un uso más eficiente de los recursos hídricos "

RETOS AGUAEN MÉXICO

1. Que todos tengan acceso al agua potable
2. Proteger las fuentes de agua y tratar las aguas residuales
3. Atenuar los daños causados por inundaciones y sequías