EDUCACIÓN


En México existen tres problemáticas centrales en torno a la educación que son atendidas por las políticas públicas y son de interés ciudadano: la equidad y la inclusión; la calidad de las escuelas, y el logro de aprendizajes significativos.

El sistema educativo nacional es masivo y heterogéneo. La matrícula alcanza más de 36 millones de alumnos: 84% en educación obligatoria, 10% en superior y el resto en capacitación para el trabajo. La plantilla de docentes está integrada por más de dos millones de maestros, tres cuartas partes de ellos en educación básica y media superior. Además, 248,644 establecimientos imparten educación básica y media superior, 7,211 licenciaturas y/o posgrados y 5,844 capacitación para el trabajo. Domina la oferta pública, principalmente en educación obligatoria (preescolar, primaria, secundaria y educación media superior). El peso del subsector privado varía por nivel y entidad.

Mantener en buenas condiciones de funcionamiento un sistema de tal tamaño obliga a cuantiosas inversiones. El gasto en capital en primarias y secundarias públicas es bajo, por lo que muchas escuelas no proveen entornos amigables de aprendizaje que afectan a los alumnos, principalmente a los de bajos recursos o indígenas.

La eficiencia terminal por niveles se reduce conforme se avanza en el sistema, en primaria es del 96.3%, en secundaria del 87.7% y en media superior del 63.2%. Disminuir el rezago, el abandono y elevar las tasas de transición de estudiantes entre un nivel y otro demanda una política educativa integral.

Por nivel educativo, entidad y grupo socio-económico, varían las tasas de cobertura, siendo ésta mayor en la Ciudad de México, mientras que Chiapas, Guerrero, Guanajuato, Michoacán, Nayarit, Oaxaca y Quintana Roo muestran rezagos importantes.

Pese a que el analfabetismo disminuyó de 9.5% a 5.2% entre 2000 y 2015, éste afecta todavía a 5.4 millones de personas (61% de ellas mujeres), residentes primordialmente en zonas rurales y marginadas (Chiapas, Guerrero y Oaxaca).

Para aminorar esas desigualdades, la Secretaría de Educación Pública (SEP) y otras secretarías de Estado integraron un sistema nacional de becas de manutención, de inclusión social, o de otro tipo que atiende a más de 6 millones de alumnos.

Por otra parte, urge propiciar una mayor igualdad en la educación superior, debido a sus beneficios y a las oportunidades profesionales de los egresados. Conviene procurar la superación de las brechas de inclusión por condición de género: si bien las mujeres participan equitativamente en la educación superior y representaron, en 2013, casi la mitad de los nuevos graduados universitarios, la proporción de las que no trabajan ni estudian supera la de los hombres. En cuanto a la cuestión étnica, pese a la apertura de universidades interculturales y programas de apoyo al ingreso y titulación de estudiantes indígenas y afrodescendientes, estos siguen siendo sub-representados.

El derecho a una educación de calidad está enunciado en la Reforma Educativa, que formula estrategias específicas para cada nivel y otras transversales con alcances generales, tales como una reforma curricular para articular los programas con los contextos y características de los educandos. Otra estrategia fue abocada a mejorar la gestión de las escuelas. Ambas estrategias han tenido escasos resultados, por lo que convendría reactivar los Consejos Escolares de Participación Social.

Una tercera estrategia transversal consistió en mejorar la política nacional de informática educativa. Sin embargo, se requiere garantizar el acceso a las nuevas tecnologías y la inclusión digital, con provisión de equipamiento; inluir a las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC’s) en la currícula de los distinttos niveles educativos y en la formacón docente.

Para que los maestros dejen de ser el último eslabón de una cadena jerárquica en el sistema educativo, es necesario proveer la mejor educación superior posible a los aspirantes al magisterio, remunerar a los maestros como los profesionales que son y apoyarlos frente a grupo mediante evaluaciones formativas y colaborativas que incluyan la retroalimentación de sus pares y especialistas, además de brindarles una capacitación inicial y en servicio de calidad.

Para fortalecer los avances en materia de calidad, también será preciso mantener una tendencia incremental en el porcentaje del Producto Interno Bruto (PIB) dedicado a la educación. Este aumentó de 4.4% en 2000 a 5.2% en 2012, alcanzando actualmente el promedio de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), pero sería importante redistribuirlo para beneficio de los alumnos, principalmente en primaria y secundaria, ya que el gasto por estudiante en esos niveles apenas es del 11% contra un 21% promedio en la OCDE.

En referencia a los conocimientos adquiridos, si bien la variedad de aprendizajes no puede ser “medida” vía pruebas estandarizadas, éstas ofrecen un panorama sobre los resultados por área. Las pruebas aplicadas desde 1995 indicaron que el manejo de competencias básicas por parte de los estudiantes, sobre todo en las poblaciones vulnerables, deja mucho que desear: el examen de PISA, aplicado en 2012, evidencia que 38% de los estudiantes mexicanos de 15 años no alcanzaba el nivel de comprensión lectora necesario para un desempeño adecuado en una economía y en una democracia avanzadas, ascendiendo este porcentaje a 49% en el área de ciencias y a 51% en matemáticas.

PLANEA, examen a gran escala aplicado por el Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), arroja igualmente resultados desalentadores. En 2015, 43.3% de los estudiantes de educación media superior presentaban deficiencias en español y 51.4% en matemáticas.

En un país con el 57% de la población laboral en la informalidad, habrá que procurar enseñar los procesos productivos integrales, los derechos y obligaciones, así como diferentes visiones sobre el trabajo, en la perspectiva del desarrollo sustentable y del respeto al medio ambiente, sin descuidar la satisfacción personal, humana, en el desempeño laboral.

En relación con los valores para una ciudadanía responsable y una vida más plena, a fin de construir una sociedad justa, democrática, incluyente y tolerante, es importante fomentar el respeto de los derechos humanos, la equidad de género, la tolerancia y la observancia irrestricta del principio de interés superior de la niñez y la adolescencia.

Los tres principales retos en materia educativa que enfrenta México consisten en:

1. Mejorar la equidad y la inclusión de toda la población (desde los infantes hasta los adultos mayores) en todos los niveles de los sistemas de educación y formación

2. Desarrollar propuestas de educación y formación para que los ciudadanos, en función de sus necesidades, cuenten con herramientas para insertarse en un mundo de trabajo cambiante y logren una vida plena

3. Fomentar la participación social responsable de los sectores interesados en la gestión de los establecimientos escolares, del preescolar a la universidad, para aumentar la pertinencia de los procesos educativos y la calidad de los aprendizajes entre los alumnos.

La Agenda Iberoamericana te invita a conocer más sobre el tema e incidir para que las propuestas de solución tengan eco en todos los sectores de la sociedad. Porque somos una gran región con sueños compartidos para un mejor futuro.

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Habla el Dra. Sylvie Didou Aupetit

"México debe pensar en la educación como un proyecto para transformar la vida de los individuos y de los ciudadanos"

RETOS EDUCACIÓN EN MÉXICO

1. Mejorar el acceso, la equidad y la inclusión en todos los niveles educativos.
2. Educación de calidad que permita el desarrollo personal y laboral
3. Que los ciudadanos participemos activamente en la toma de decisiones en materia educativa